BRONQUIOLITIS
¿Qué es la bronquiolitis? Llamamos   bronquiolitis   al   primer   episodio   de   infección   de   las   vías   respiratorias    bajas   en   niños menores   de   dos   años .   Al   hablar   de   “vías   respiratorias   bajas”   nos   referimos   a   la   pequeña   vía aérea, los bronquiolos, que son las últimas ramificaciones del árbol bronquial. Su   causa   es   vírica ,   habiendo   numerosos   virus   implicados.   El   más   importante   de   ellos   es   el   virus respiratorio   sincitial   o   VRS,   que   causa   más   del   50%   de   los   casos,   sobre   todo   en   lactantes menores    de    un    año.    Otros    posibles    virus    son:    rinovirus,    coronavirus,    metapneumovirus, bocavirus o influenza (virus de la gripe). Los   virus   se   transmiten   de   persona   a   persona   a   través   de   las   gotitas   que   quedan   suspendidas   en el   aire   tras   la   tos   o   el   estornudo   de   las   personas   infectadas,   o   por   contacto   de   las   manos   con objetos en los cuales se hayan depositado dichas gotitas, que luego los niños se llevan a la boca o nariz. ¿Cuáles son los síntomas? La bronquiolitis normalmente se inicia como un catarro de vías altas, con moco nasal, tos y febrícula o fiebre. Y en un porcentaje de niños, al cabo de 1-3 días, la enfermedad desciende a las vías bajas, provocando su inflamación y obstrucción, produciendo dificultad respiratoria (tos frecuente, respiración rápida o agitada, pitido al respirar, dificultad para alimentarse…). Los niños más vulnerables a padecer bronquiolitis graves son: Menores de tres meses (especialmente los menores de dos, quienes requieren ingreso hospitalario). Prematuros. Niños que padecen de enfermedades pulmonares crónicas (como la broncodisplasia), cardiopatías congénitas o inmunodeficiencias.   ¿Qué podemos hacer en casa? Si nuestro hijo es menor de 2 años y está acatarrado, debemos tomar las siguientes medidas: Lavados nasales con suero fisiológico, especialmente antes de las tomas y del sueño. Posición semiincorporada. Tomas de alimento pequeñas pero frecuentes, así el lactante se cansará menos. Antitérmico si precisa (de elección el paracetamol). Evitar fumar en presencia del niño. ¿Cuándo acudir al pediatra? Si el niño presenta: Respiración más rápida o agitada de lo normal (hundiendo las costillas o levantando el abdomen). Si emite un quejido o silbido al respirar Si el niño está muy decaído, somnoliento o irritable. Si presenta rechazo importante de la ingesta, o si vomita. Si la fiebre dura más de 3 días. En la bronquiolitis, al ser una infección vírica, no sirven los antibióticos, y están contraindicados los medicamentos para disminuir la tos (antitusivos). Según los casos, el pediatra puede intentar un tratamiento de prueba con broncodilatadores (salbutamol), suero salino hipertónico, adrenalina y, si el caso es grave, aporte de oxígeno ¿Se puede prevenir la bronquiolitis? Las siguientes medidas se han mostrado efectivas para intentar prevenir que los pequeños adquieran una bronquiolitis: Fomentar la lactancia materna, al menos los primeros 6 meses de vida. Evitar la exposición al humo del tabaco. Lavado de manos. Evitar el contacto con personas, ya sean adultos o niños, que estén acatarrados o tosiendo. Recordemos que los virus respiratorios, si infectan a niños mayores o a adultos, suelen producirles un resfriado común sin mayor repercusión, pero en los lactantes el virus puede “bajar” y producirle bronquiolitis, pudiendo costarles incluso un ingreso hospitalario. Vacunación antigripal de los niños de mayor riesgo a partir de los 6 meses de edad, así como vacunación de los convivientes de los lactantes menores de 6 meses. Los bebés que hayan tenido bronquiolitis tienen entre un 40-50% de posibilidades de padecer procesos similares en los siguientes años (también en contexto de procesos catarrales), aunque estos ya no se denominarán bronquiolitis sino sibilancias recurrentes (coloquialmente, “broncoespasmo” o “bronquitis”). Esto no quiere decir que el niño vaya a ser asmático en el futuro, pues ello dependerá de muchos otros factores (genética, antecedentes familiares, factores ambientales…) pero es conveniente informar a su Pediatra de referencia, para que conozca y estudie cada caso en particular, especialmente si hay familiares con asma o alergia.
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